Emilio Castelar. Político gaditano.

Emilio Castelar nació en Cádiz el 7 de Septiembre de 1832.

Tras el fallecimiento de su padre, su familia se traslada a Elda, Alicante, donde hace hasta el bachillerato para luego hacer sus estudios universitarios en Madrid, donde luego ejerció como profesor en la Esuela Normal de Filosofia.

Hacia 1854 comienza su actividad pública, colabora en periódicos de la época tales como "El tribuno del pueblo", "Soberania nacional" o "La discusión", también publica sus primeras novelas que fueron "Ernesto" en 1855, "Alfonso el Sabio" un año después, y en 1857 "Leyendas populares", logró la cátedra de Historia critica y filosófica de España en la Universidad Central en 1857.

En 1862 publica la segunda parte de "Leyendas populares", pero esta vez la titula "La hermana de la Caridad".  Fundador y director del periódico "La democracia" donde ataca al gobierno de Narváez en febrero de 1864, por lo que es destituido de su cátedra, con el gobierno de O'Donell nuevamente es restituido, desde entonces participa en pronunciamientos y eventos progresistas por lo que llega a ser incluso condenado a muerte por lo que huye de España, exiliandose desde 1866 a 1868 en diversos paises europeos, y luego en latinoamérica donde ejerce como corresponsal y colaborador en la prensa de aquellos paises.

En 1868 regresa a España siendo elegido Diputado a Cortes un año después, haciendo una intensa vida politica y parlamentaria distinguiendose por sus discursos que llegaron a ser incluso publicados.

Con la proclamación de la Primera República Española en 1873, fué nombrado Ministro de Estado por el Gobierno de Estanislao Figueras, tras los mandatos de este último, Francisco Pi y Margall y Nicolás Salmerón, accede a la presidencia de la República el 7 de Septiembre de 1873, fue elegido para ocupar la Presidencia del Poder Ejecutivo por 133 votos a favor frente a los 67 obtenidos por Pi y Margall. Durante su anterior etapa, como Ministro de Estado en el gobierno de Estanislao Figueras, promovió y consiguió que se aprobase la abolición de la esclavitud en el territorio ultramarino de Puerto Rico, aunque no en Cuba por la situación de guerra que vivía.

Con motivo de la difícil situación por la que pasaba la República, con el agravamiento de la Guerra Carlista, Emilio Castelar comenzó la reorganización del ejército, anunciando ante las Cortes que «para sostener esta forma de gobierno necesito mucha infantería, mucha caballería, mucha artillería, mucha Guardia civil y muchos carabineros». A pesar de la oposición federalista, las Cortes le concedieron poderes extraordinarios para gobernar, tras lo cual se cerraron las Cortes el 20 de septiembre. Confirmó las sentencias de muerte que provocaron la dimisión de su predecesor, restableció el orden y dejó a punto de rendición a los cantonales de Cartagena.

Sin embargo, el caos provocado por la sublevación cantonal y el recrudecimiento de la Guerra Carlista le llevaron a reabrir las Cortes el 2 de enero de 1874, para someter a votación la gestión de su gobierno y recabar plenos poderes con los que salvar a la República del descrédito total.

Se abrió, en efecto, la sesión de Cortes el 2 de enero de 1874 pero los federales se lanzaron en tromba contra don Emilio Castelar, a quien respaldaba el capitán general de Madrid, don Manuel Pavía, antiguo partidario de Prim, con quien se había alzado en Villarejo de Salvanés. Dos fuerzas bien diferentes amenazaban con interrumpir las deliberaciones de las Cortes: los federales, deseosos de acabar con Castelar a mano airada, y las tropas del general Pavía, partidario de Castelar, que tenía decidido acudir en su socorro para evitar su derrota ante el federalismo.

Salían ya los regimientos comprometidos por la orden del capitán general, cuando las Cortes conocieron la derrota de Castelar por 119 votos contra 101. Dimitió el último presidente de la República, y el de las Cortes, que era Nicolás Salmerón, ordenó proceder a nueva votación para elegir a un nuevo jefe del Poder Ejecutivo.



Pavía se situó en la plaza frente al edificio con su estado mayor y ordenó a dos ayudantes que impusieran a Salmerón la disolución de la sesión de Cortes y el desalojo del edificio en cinco minutos. La Guardia Civil, que custodiaba el Congreso, se puso a las órdenes del general y ocupó los pasillos del Congreso (sin llegar a entrar en el hemiciclo). Eran las siete menos cinco de la mañana, cuando se estaba procediendo a la votación para elegir al candidato federal Eduardo Palanca, y Salmerón, al recibir la orden del capitán general, suspendió la votación y comunicó el gravísimo suceso a los diputados. Entonces, éstos abandonaron el edificio a toda prisa, entre escenas de exacerbado histerismo; algunos incluso se descolgaron por las ventanas. Pavía, sorprendido, preguntó: «Pero señores, ¿por qué saltar por las ventanas cuando pueden salir por la puerta?».


Pavía, que era republicano unitario, le ofreció a Emilio Castelar continuar en la presidencia, pero este rehusó al no querer mantenerse en el poder por medios antidemocráticos. Estos hechos supusieron el final oficioso de la Primera República, aunque oficialmente continuaría casi otro año más.

Tras la resturación de la monarquia en 1874, Castelar marcha a Paris y viaja por Europa a la vez que publica numerosas novelas históricas y ensayos literarios.   En 1880 ingresa en la Real Academia de la Lengua Española y en la de Historia un año después.   Retirado de la politica sigue colaborando con el Partido Progresista, hace nuevas publicaciones literarias y ensayos históricos, destacando "Historia de Europa en el siglo XIX" que consta de seis volumenes, iniciada en 1895 y culminada tras su fallecimiento en 1901 por Sales y Ferrer.

Después del asesinato de Antonio Cánovas del Castillo en 1897 hizo un nuevo intento fallido de regresar a la actividad politica, pero finalmente se retira a San Pedro del Pinatar, Murcia, donde fallece el 25 de Mayo de 1899, siendo enterrado en Madrid.

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